viernes, 18 de marzo de 2011

Los ojos de Mafi



Mafi sí era de las niñas que enamoran a todo el mundo sin darse cuenta: si estabas solo, te hacia compañía; si estabas triste, te sonreía; si renegabas, te bromeaba; si no sabías, te enseñaba. Pero lo mejor de todo era que ni siquiera sabía tu nombre...Mafi era así porque era así. El mundo parecía ser de ella y ella parecía ser de otro mundo.

Estaba de más llamar su atención porque ella estaba ahí. Estaba de más pretender algo con ella porque al fin y al cabo podías estar a su lado cuando quisieras. Pero maldita la naturaleza acaparadora del ser humano. Esa naturaleza que casi a la fuerza te convence de que aunque Mafi no sea bonita, es de ese tipo de chicas que no se ven todos los días. Maldita esa voz interior que te engaña y te dice que el amor es solo para los valientes y que la vida es corta. Porque un día tome sus manos y no quise soltarlas… ¡Las habré sujetado tan fuerte!

Desde aquel día todo cambio. Fue como si se hubiera subido a su nave y hubiese decidido conquistar otro planeta…Yo nunca la crucé por casualidad, tuve que hacer maromas para llegar a ella. Quería hablarle, tenía que decirle que, aunque la quería tener a mi lado todo el día, me contentaba con verla unas horas; que, aunque la quisiera como enamorada, como amiga era perfecta.

Yo nunca se lo dije. Cuando estuve frente a ella y obtuve el valor necesario para levantar la cabeza y hablarle, me encontré con sus ojos; era la primera vez que los veía tan cerca… ¡Que lindos ojos tenía esa mujer! Había visto muchos ojos lindos en mi vida, pero ninguno como los ojos de Mafi… Brillaban tanto que podía ver mi cara confundida reflejada en ellos, quería quedarme a vivir en esa laguna de miel que parecían ser sus pupilas.

Algo pasó que por primera vez, la ternura que me despertaba estar a su lado se había reducido al deseo y ganas de tocarla. Me di cuenta que esos ojos eran lindos, pero cómplices. Eran cómplices de una mirada incomoda. Esa incomodidad que sienten las niñas bonitas cuando descubren que uno más se ha fijado en ellas...Esos ojos lo decían todo, a esos ojos les debo la tranquilidad.

Ese día el viento no se quedo con ninguna palabra. Nuestros ojos se clavaron por un instante y me retiré en silencio. Pensando en que los oídos de Mafi debían estar cansados de escuchar lo bonita que es y que sus ojos debían estar cansados de reflejar tantos ojos enamorados... Díganle a ese par que Mafi tuvo la culpa y también que gracias a estos, ya no estoy enamorado.

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